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jueves, 21 de noviembre de 2019

El Caso de los Hermanos Sodder

En 1945, en Estados Unidos, cinco hermanos no volvieron a ser vistos después de un incendio que afectó a la casa donde vivían.

El inmigrante italiano Giorgio Soddu, quien había nacido a principios del siglo XX en Cerdeña, había emigrado en su adolescencia a los Estados Unidos junto a su hermano en busca de mejores perspectivas de vida. Una vez en suelo americano, no tardó en encontrar trabajo y en casarse con Jennie Cipriani, quien al igual que él también había nacido en el país de la bota y había llegado a Norteamérica siendo una niña.

El matrimonio, que ya había americanizado el apellido Soddu a Sodder, se avecindó en la localidad de Fayetteville, en Virginia Occidental, en una pequeña pero bullente colonia de italoamericanos. En ese mismo lugar criaron a sus 10 hijos: John (nacido en 1922), Joseph Samuel (1924), Mary Ann (1926), George Jr. (1929), Maurice Antonio (1931), Martha Lee (1933), Louis Erico (1935), Jennie Irene (1937), Betty Dolly (1940) y Sylvia (1943). Robert, el último hijo, nacería en 1950.

En la nochebuena de 1945 se desataría la tragedia que cambiaría para siempre el destino de la familia Sodder. Ese día y a esa hora, en la planta baja de la casa dormía plácidamente el matrimonio junto a la pequeña Sylvia, John, Mary y George Jr., mientras que Maurice, Martha, Louis, Jennie y Betty Sodder lo hacían en el segundo piso de la vivienda. El único que faltaba era Joseph, quien por esa época se encontraba alistado en el ejército.

Cerca de la 1:30 de la madrugada sonó el teléfono, lo que obligó a Jennie Sodder a levantarse de la cama para responder el llamado, pero resultó ser una equivocación. Cuando la mujer echó un vistazo a la casa se dio cuenta de dos cosas: las luces de la escalera estaban prendidas y la puerta principal no estaba cerrada con llave, por lo que se limitó a cerrar la puerta suponiendo que sus hijos estaban profundamente dormidos en sus camas. Tras volver a acostarse, y mientras trataba de conciliar el sueño, Jennie escuchó un ruido sordo, como si algo hubiera caído al suelo en el piso superior. A los pocos minutos después notó un inconfundible olor a humo.

El matrimonio Sodder salió de inmediato de su dormitorio y se encontró con un espectáculo inquietante: el vestíbulo estaba lleno de humo y las llamas comenzaban a cebarse con las escaleras que llevaban al segundo piso de la casa. Ambos gritaron tratando de avisar a los cinco niños que dormían arriba, pero no obtuvieron respuesta, por lo que abandonaron el inmueble pensando que a lo mejor los infantes ya habían salido, pero éstos no estaban fuera. George Sodder trató de llamar a los Bomberos por teléfono, pero la línea telefónica estaba cortada. Posteriormente intentó llegar a las habitaciones del segundo piso a través de las ventanas con una escalera que había tras la casa, pero misteriosamente la escalera no estaba donde la habían dejado. También intentó arrancar alguno de los camiones de su empresa de transporte de carbón para acercarlo a la casa y que los niños pudieran saltar, pero ninguno de los vehículos funcionó.

Los bomberos, pese al llamado de los vecinos, sólo llegaron al lugar cerca de las ocho de la mañana, cuando la casa ya había quedado reducida a cenizas. Todos supusieron que los cinco hijos del matrimonio Sodder que estaban en la planta alta de la vivienda habían perecido asfixiados o carbonizados, pero lo increíble es que, tras revisar los escombros quemados de la casa, no se encontraron los más mínimos restos de los cadáveres. Para agregar mayor desconcierto a la situación, la policía sindicó a un cortocircuito eléctrico como causa del siniestro, algo que fue desmentido por la familia Sodder, que aseguró que mientras el incendio consumía la casa, varias luces seguían encendidas (además, el mismo George Sodder había hecho revisar semanas atrás la instalación eléctrica de la vivienda, la cual se encontraba en perfecto estado).

Una semana más tarde la justicia declaró oficialmente muertos a Maurice, Martha, Louis, Jennie y Betty Sooder y el forense, que no vio ni el más mínimo rastro de los cuerpos de los niños, expidió los correspondientes certificados de defunción. Pero los inconsolables padres estaban convencidos que la ausencia de restos y el hecho de que la línea telefónica había sido cortada significaba una sola cosa: sus cinco hijos habían sido secuestrados y el fuego no había sido más que una distracción para hacerles creer a todos que los niños habían fallecido.


Las pistas de los cinco niños desaparecidos
Los Sodder también recordaron algunos extraños hechos acaecidos antes del siniestro. Meses antes, un vecino había ofrecido a los Sodder un seguro de vida para toda la familia, pero la negativa de George Sodder (un conocido antifascista que había criticado públicamente al dictador italiano Benito Mussolini en el pasado) a contratar el seguro había devenido en una agria discusión en la que el vendedor le había dicho literalmente: “Su casa se convertirá en humo y sus hijos serán destruidos, y usted pagará por sus sucias opiniones sobre Mussolini”. Además, unos días antes de Navidad los hijos mayores de la familia Sodder habían visto a un hombre desconocido que, dentro de un auto estacionado al otro lado de la calle, parecía vigilar a los hermanos más pequeños cuando iban camino del colegio.

Los Sodder intentaron en vano que la policía y el FBI abriesen una investigación sobre el caso. Intentando ellos mismos buscar pistas sobre el posible paradero de sus hijos, dieron con tres testigos que aseguraban haber visto a los cinco niños después del incendio: una mujer de Fayetteville que los vio en un coche durante la misma noche del incendio; la camarera de un bar de carretera a cincuenta millas de su casa que afirmó haberlos visto acompañados de varios hombres a la mañana siguiente al fuego; y la recepcionista de un motel en Charleston, Carolina del Sur (a 700 kilómetros de distancia), que afirmó que los niños se habían alojado en su establecimiento una semana después del incendio, acompañados por dos hombres y dos mujeres que hablaban italiano, quienes viajaban en un automóvil con matrícula de Florida y se mostraron en extremo reservados y recelosos, impidiéndole hablar con los pequeños.

Además, un conductor de autobús que pasó por delante de la casa de los Sodder durante la noche del incendio afirmó haber visto lo que parecían “bolas de fuego” lanzadas contra el tejado de la vivienda. Los Sodder, tras entrevistarlo, concluyeron que se trataba de algún artefacto incendiario y que ese fue el ruido sordo que había escuchado Jennie antes que se desatara el siniestro.

Los Sodder también contrataron a un detective privado para buscar otras pistas. El investigador descubrió algunos hechos curiosos, como, por ejemplo, que el mismo vendedor de seguros que había discutido con George Sodder formaba parte del comité que había declarado muertos a los niños. Los Sodder, ya al borde de la desesperación, llegaron a ofrecer una recompensa de 10 mil dólares por cualquier noticia que condujera al hallazgo de los pequeños, pero todo fue inútil. No volvieron a saber nada sobre sus cinco hijos.

La misteriosa fotografía de 1968
Tendría que llegar el año 1968 para que el caso sumara otra misteriosa arista. A la casa de la familia Sodder, a nombre de Jennie Sodder, llegó una carta que contenía una fotografía de un joven veinteañero, moreno y de ojos oscuros, que en su parte posterior llevaba una críptica inscripción, la cual decía: “Louis Sodder. I love brother Frankie. Ilil Boys. A90132 (o 35)”. Las autoridades opinaron que aquello era una broma de mal gusto, pero los Sodder creyeron que aquel podía ser de verdad su hijo Louis Erico, uno de los cinco niños desaparecidos, y enviaron a un detective a Kentucky, donde había sido sellada la carta, pero no se obtuvieron resultados. El joven de aspecto italiano de la fotografía jamás pudo ser identificado.



Los Sodder siempre creyeron que sus hijos habían sido víctimas de una red de adopciones ilegales, aunque otros barajaron también la posibilidad de que el secuestro de los niños había sido obra del crimen organizado, no sólo por el origen italiano de la familia, sino también porque George Sodder era dueño de varios camiones de transporte de carbón y el transporte por carretera era un sector que tradicionalmente, en esa parte del país y en esa época, estaba controlado por la mafia.


George Sodder, después de años de incertidumbre y sufrimiento, fallecería en 1969, al año siguiente de que llegara a su casa la misteriosa fotografía de su supuesto hijo Louis. Su esposa Jennie moriría veinte años más tarde, en 1989. Sus hijos y nietos continuaron la búsqueda emprendida por el matrimonio, pero sin éxito.

viernes, 1 de noviembre de 2019

Muerte a bordo del Ourang Medan

En junio de 1947 un barco que navegaba por el estrecho de Malaca comenzó a enviar señales de socorro a los barcos que se encontraban por la zona. El mensaje decía: "Todos los oficiales, incluyendo el capitán, han muerto, están tumbados en la cubierta y el puente. Posiblemente toda la tripulación está muerta." Tras una pausa el tripulante que transmitía el mensaje dijo: , "Me muero".

Un buque estadounidense, el Silver Star, escuchó el mensaje y fue a investigar. Una vez a bordo descubrieron que todos los tripulantes del Ourang estaban muertos, todos con una expresión congelada de miedo extremo en sus rostros. Sus brazos estaban extendidos, como si trataran de apartar algo que se acercaba. Cuando el Silver Star remolcaba al Ourang a puerto, las cubiertas inferiores del barco fantasma empezaron a arder y el Silver Star tuvo el tiempo justo de soltar amarras antes de verse afectado por el fuego. Hoy en día nadie sabe que pudo pasar a bordo del SS Ourang Meden, o si lo saben, no quieren que los demás nos enteremos.




miércoles, 14 de febrero de 2018

Desaparición De Cyndi Allinger

Cynthia Allinger alias Cyndi, fue una niña de 9 años de edad que desapareció de su casa en la Lincoln Avenue y Chicago Ave S.W. en la ciudad Lakewood, Washington el 4 de julio de 1996, dos semanas después fue encontrada muerta.

Cyndi Allinger

Vida familiar

La madre de Cyndi, Rhonda Hebison, recientemente se había divorciado del padre biológico de Cyndi, y apenas se las arreglaba para mantener a sus tres hijas, como madre soltera al ser Cyndi la más grande de las tres, es la que ayudaba a cuidar a sus otras hermanas.

Rhonda la describe como una niña muy femenina que le gustaban mucho los vestidos de volantes y casi nunca andaba con pantalones como las otras niñas de su edad, también la describe como muy responsable y un apoyo para ella.

Rhonda Henison (Madre de Cyndi)

Día de la desaparición

El 4 de julio de 1996, Cyndi y sus otras hermanas salieron a jugar a la calle como los otros niños del barrio poblado de padres solteros trabajadores, cuyos niños mayormente estaban solos el día entero y un paraíso para los depredadores sexuales.

Rhonda se vió con Cyndi en la tarde y prometió volver en una hora, como a las 6 de la tarde, estaba en la casa con las hermanas menores de Cyndi y se sentaron a comer pizza para la cena, a Rhonda no le preocupó que aún no hubiera llegado y espero un poco más.

Como a las 7 de la noche se comenzó a preocupar por la ausencia de Cyndi y fue de puerta en puerta donde los vecinos preguntando por ella, pero nadie la había visto. Reportó la desaparición a la policía.


A la mañana siguiente

El 5 de julio de 1996, la detective Teresa Berg del Pierce County Sheriff Department, se encuentra con todos los reportes de incidentes del 4 de julio, una fecha terrible para los oficiales de policía, ya que las personas se emborrachan, comienzan a pelear y suceden muchas cosas, pero al caso de la desaparición de Cyndi llamó su atención al tratarse de una niña de 9 años y lo puso como prioritario.

Se fue a entrevistarse con la madre de Cyndi, Rhonda, al principio le pareció muy extraño el comportamiento de Rhonda, ya que la mayoría de los padres en esta situación estarían histéricos, pero ella se encontraba muy calmada y elocuente, se pasó un tiempo largo tratando de sacarle información a Rhonda y preguntandole los sitios que Cyndi visitaba, pero Rhonda no tenía mucho idea de los sitios que Cyndi frecuentaba.

Cyndi y sus hermanas
La hermanita de Cyndi, ayudó a la detective Berg a visitar los sitios que ellas tres visitaban, pero o nadie había visto a Cyndi o no recordaban la hora que la habían visto, casi al final del recorrido la hermanita la llevó a una cabaña al final de la calle, pero cuando la detective Berg se asomó parecía estar vacía.


Comienzo de la investigación

Pero la detective Berg no era la única interesada en el caso, el detective Rick Adamson, también se interesó en el caso y comenzaron la búsqueda de Cyndi Allinger.

En otra entrevista a Rhonda, apareció de repente el novio, resultando ser una persona manipuladora y con muy mal carácter, que constantemente interrumpió las preguntas de la detective Berg.

En estos casos mayormente de los abusos a niños son los novios de las madres, por lo que la detective Berg, se llevó al novio para entrevistarlo más a fondo, entre más conversaba con el novio de Rhonda, más sospechoso le parecía, al buscar en la base de datos al novio de Rhonda se encontró con que tenía previos registros de maltrato a Cyndi. Cuando investigaron más a fondo la coartada del novio de Rhonda, pudieron constatar que estaba trabajando en el ferrocarril en ese momento, por lo que fue descartado como sospechoso.

Uno de los patrones también del abuso infantil es de los padres divorciados, cuando revisaron el prontuario del padre biológico de Cyndi, también encontraron que era un persona violenta, parecía ser un patrón para las parejas de Rhonda, la madre de Cyndi. Pero había un problema con esta teoría ya que el padre de Cyndi ya se encontraba tras las rejas con una condena de 37 años.

Los detectives Berg y Adamson estaban en un camino sin salida con este caso. Se dedicaron a investigar a los agresores sexuales en la zona y resultó que había como 28 agresores en la zona. Luego de revisar los gustos sexuales y el modus operandi de los agresores pudieron reducir la lista a tres, pero fue un camino sin salida, ya que todos pudieron comprobar su coartada.


El reportero Héctor Castro estuvo muy interesado en el caso, tenía poco tiempo siendo reportero, pero sintió que este caso era muy importante para la comunidad, que normalmente para el principio del verano era tranquila, pero con esta desaparición tenía a toda la comunidad preocupada.


Hallazgo del cádaver

Otro detective se interesó por el caso de Cyndi y se encontró que en la zona por donde vivía Cyndi, había un sitio aislado que estaba lleno de alfombras tiradas en la tierra, se fue a revisar y en una de las alfombras encontró el cuerpo de una niña con los rasgos de Cyndi y las señas de como iba vestida el día de su desaparición. La niña estaba parcialmente vestida y tenía la boca amordazada, al detective le quedó claro que había recibido un traumatismo severo, fue una de los asesinatos más salvajes de los hayan visto en su carrera.


Cuando Jim Rubattino el abuelo de Cyndi se enteró de la muerte de su nieta, no lo podía creer que a su angelito, le pasara una cosa tan terrible. La irreversibilidad de la situación dejó a Rhonda también tambaleándose.

Entierro de Cyndi

Entierro

Dos semanas después de la desaparición de Cyndi fue enterrada, y en el entierro habían personas que ni siquiera conocían a Cyndi y lloraban por la niña.

Autopsia

Cyndi Allinger había muerto por un fuerte traumatismo en el cerebro y asfixia, y fue agredida sexualmente de una manera muy violenta.

Investigación después del hallazgo

Quedaba claro que el perpetrador de Cyndi era una persona muy violenta y con las calles llenas de niños era imperativo que este caso fuera resuelto.

Los detectives Berg y Adamson continuaron la investigación, los detectives deciden ir nuevamente a los menos improbables informantes, las hermanitas de Cyndi y los amigos, luego de muchas horas, pudieron investigar que en la zona había un tipo que esa tarde del 4 de julio, fue visto caminando con Cyndi vistiendo una camiseta pintada y unos pantalones cortos rotos.

Armados con esta información los detectives comenzaron a tocar puertas y pudieron crear un perfil de este tipo llamado Ras, era un tipo con estilo hippie que tocaba la guitarra en un grupo, fumaba mucha marihuana en el barrio.

Rhonda ya había escuchado sobre este amigo de Cyndi, llamado Ras hacia 4 meses, en el reciente cumpleaños de Cyndi, ella le había preguntado a Rhonda si podía invitar a Ras, cuando Rhonda hizo más averiguaciones sobre este Ras se enteró que era un hombre mayor y prohibió a Cyndi que lo viera y le explico que no podía invitarlo a su cumpleaños, como Cyndi no volvió a mencionar este amigo Rhonda pensó que todo estaba bien.

Pero por los hechos ocurridos parece ser que Cyndi no pudo resistir el encanto del sesentero, y los amigos de Cyndi le cuentan porque, tenía instrumentos de percusión y un perro, y la dejaba tocar los instrumentos y jugar con el perro y a ella eso le gustaba y finalmente Ashley, la hermana de Cyndi confesó que ella, su otra hermana y muchos de los niños del barrio habían estado allí sin que Rhonda lo supiera.

Ashley le contó donde vivía aquel tipo, y la detective Berg recordó claramente haber ido con Ashley a ese sitio al principio de la investigación por la desaparición de Cyndi, pero lo encontró vacío. Al ver que los otros niños también describen el sitio, les dió la certeza a los detectives de que iban por el buen camino.


Guy Matthew Rasmussen

La policía con los perros sabuesos comenzaron la investigación de la zona, pero en esa ocasión no había nadie en la cabaña.

La policía no tenía suficientes pruebas para una orden de registro y esta era un razón por lo que tenía que encontrar a Ras, pero ninguno de los vecinos lo había visto recientemente.

Cuando finalmente dieron con Ras, el detective Adamson le pareció que era una persona tenebrosa, pero el que tengas aspecto de asesino no te hace un asesino, Ras les dijo que su nombre completo era Guy Matthew Rasmussen, al buscarlo en la base de datos de agresores sexuales no encontraron ninguna información.

Ras resultó ser una persona de rápido hablar e ideas claras, no hubo manera de sacarle una confesión, por lo que sin ninguna prueba que lo vincule al asesinato, la policía tuvo que dejarlo marchar.

La policía comenzó una vigilancia de 24 horas a Ras, y descubrieron donde vivía, se enteraron que se mudó inmediatamente luego de la desaparición de Cyndi, por lo que eso explicaba porque la cabaña estaba vacía cuando comenzó la investigación.

Los detectives decidieron profundizar en el pasado de Guy Matthew Rasmussen, y lo que encontraron fue alarmante, Rus tenía un obsesión por todos los niños de todas las edades. Tenía delitos contra un chico de 16 años, y un secuestro, por el cual había cumplido 5 años de condena, luego en 1990 había cumplido otra condena por atacar a un niño de 10 años, la edad del último niño fue la que interesó más a los detectives ya que era similar a la Cyndi.

La policía estaba convencida que este era su hombre, pero lo que no llegaban a comprender porque Rus no se encontraba en la lista de agresores sexuales que ellos previamente habían investigado, y descubrieron que el problema eran las leyes para los agresores sexuales, esta sucedió luego de su condena y aún no había retroactividad, así que estuvo librándose durante varios meses.

Con Ras en lista de los agresores sexuales, los detectives aún seguían buscando pistas y continuaba la vigilancia de 24 horas, la oficina del fiscal les dijo a los detectives que tenían que tener pruebas físicas, y que una vez la tuvieran podrían arrestarlo.

Para poder arrestar a Ras tenían que entrar a la caravana que ahora era su hogar, la detective Berg encontró una llave legal para poder llevarse las prendas que estaban buscando, y que coincidieran con las prendas que llevaba la última vez que fue vista Cyndi con Ras. Consiguieron varias piezas de ropa, camisetas, medias y pantalones cortos y los mandaron al laboratorio forense.

Pruebas forenses

4 meses después del asesinato de Cyndi, el laboratorio forense entregó el resultado de las pruebas, en las cuales se encontró semen y sangre de Cyndi en unos pantalones cortos.

Arresto de Guy Matthew Rasmussen

En menos de una hora luego de recibir el resultado de las pruebas forenses los detectives Berg y Adamson arrestaron a Ras en un bar. Los detectives nunca pudieron tener una confesión de Ras, pero con todas las pruebas que tenían pudieron arrestarlo.

El 9 de marzo de 1999, dos años después de la muerte de Cyndi, Guy Matthew Rasmussen fue encontrado culpable de asesinato en primer grado, fue sentenciado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, cumple su condena en el Monroe Correctional Complex-WSR en Washington.

miércoles, 7 de febrero de 2018

El Niño De La Caja

El escalofriante y aterrador caso del niño en la caja

Es cierto que a lo largo de la historia han existido muchos casos de asesinatos escalofriantes sin resolver, pero el misterio del niño en la caja es uno de los más terribles y perturbadores.

No sabemos si se debe al hecho de que la víctima haya sido un niño de apenas 4 años o si se debe a que más de 50 años después el crimen sigue sin resolversey las preguntas sin respuesta.

¿Por qué alguien hizo eso y por qué de esa forma? ¿Habrá muerto el asesino o seguirá libre por la periferia de la ciudad? ¿Quién asesinó al niño en la caja?

1. La escena del crimen


El caso —o el descubrimiento del caso— comienza en febrero de 1957 en la zona rural de Susquehanna Road, en Filadelfia, cuando un cazador que buscaba presas en zona prohibida comienza a recoger las trampas que había puesto a escondidas el día anterior.

Pero para su sorpresa el cazador encuentra, entre los descuidados arbustos, una pequeña caja que dice «frágil, manejar con cuidado». Como es cierto que la curiosidad es más fuerte que el hombre el cazador en cuestión decide observar dentro de la caja.

Lo que encuentra primero le resulta escalofriante, pero lo que encuentra después le resulta mucho peor.

El hombre asustado no tarda demasiado en darse cuenta de que lo que en principio creyó que era un raro muñeco hiperrealista de 1 metro de largo era en realidad el cadáver de un niño muerto lleno de marcas de golpes en la cabeza.

Frente a la macabra situación el cazador shockeado decide huir sin llamar a la policía, temiendo represalias o sanciones por haber estado cazando en donde no debía.

Luego de dos días —el 25 de febrero— llega entonces a la escena un hombre llamado Frederick Benosis notificando finalmente a la policía acerca del niño en la caja.

2. Los análisis forenses


Lo que indicaron los análisis forenses fue que el cuerpo encontrado era el cuerpo de un niño de entre 4 y 6 años de edad con síntomas claros de maltrato. También señalaron que su pelo había sido cortado de forma apresurada breves momentos antes de su muerte o incluso después de la misma.

Por otra parte aunque los análisis encontraron al cuerpo lleno de moretones también encontraron que quien lo hubiera puesto en la caja lo había hecho con mucho cuidado y mucha delicadeza.

En esta misma linea los forenses indicaron que las uñas habían sido cortadas recientemente mientras que sus manos y pies mostraban señales de haber estado bajo el agua durante un tiempo prolongado.

Por otro lado los exámenes oculares indicaron que probablemente había sufrido algún tipo de enfermedad en los ojos.

También encontraron en los tobillos, en la ingle y en la barbilla cicatrices que podían indicar que el niño había sido sometido a numerosas cirugías.

Los forenses señalaron que el niño había comido seguramente 2 o 3 horas antes de morir y encontraron en su esófago un líquido que probablemente pudo ser vómito.

Finalmente los forenses no pudieron determinar cuánto tiempo había estado el cuerpo en el bosque debido a que el clima del lugar era demasiado frío, aunque indicaron que era bastante probable que la causa de muerte no hubieran sido los golpes en la cabeza.

3. La información sobre la caja


Como resulta lógico los análisis también se extendieron a la caja en la que fue encontrado el pequeño niño. Según se supo la caja era proveniente de una tienda de muebles llamada JC Penny y era probablemente una caja pensada para contener una cuna.

La parte del asunto que motivó a los investigadores fue que la caja contaba todavía con un número de serie visible mediante el cual iban a intentar averiguar el número de envío.

Pero los investigadores también encontraron en la caja la dirección de un a tienda que se encontraba a tan solo 25 kilómetros del lugar.

Por otro lado en la caja no se encontraron huellas dactilares pero sí se encontró cerca de su ubicación una gorra y una correa de cuero con hebilla.

Para poder resolver el caso los oficiales hicieron circular fotos del niño.

Ellos creyeron que iban a resolver el caso rápidamente. Pero no lo hicieron.

4. La búsqueda de respuestas deriva en más misterios



Finalmente los investigadores encontraron que se habían vendido 12 cunas de ese estilo de las cuales no había registro, debido a que los compradores solían pagar en efectivo.

Sin embargo 8 de los compradores aparecieron después de leer sobre el caso en las noticias aunque todos habían tirado la caja o la habían utilizado para guardar objetos en sus casas. Nunca se supo quienes fueron los otros 4 compradores, incluso hasta la fecha de hoy.

Por otra parte, la dueña de la tienda —Hannah Robbins— no pudo recordar el rostro de los compradores ni aportar nuevos datos al respecto.

Frente a la incertidumbre y la desesperación la policía comenzó a recorrer casa por casa con la foto del niño pero nadie lo reconoció. Las huellas dactilares y la información del ADN del niño fueron enviadas a hospitales pero no se pudo encontrar ninguna coincidencia.

Frente a la frustración las autoridades llegaron a vestir y sentar al niño con la intención de hacerlo ver más familiar para ver si alguien era capaz de reconocerlo en las fotos de esa forma pero tampoco fue de utilidad.

Incluso la Asociación Americana de Médicos distribuyó información y fotos del niño con la esperanza de encontrar a quien hubiera hecho las operaciones pero todo el esfuerzo fue en vano.

5. Las teorías sobre el caso


Una de las teorías más fuertes e impactantes del caso surge cuando Remington Bristow —un ayudante del forense del caso— se contactó con un psíquico que le sugirió buscar una en una casa de acogida ubicada a menos de 2 kilómetros y medio.

Cuando los investigadores decidieron investigar dicha casa encontraron una cuna similar a la que habría estado dentro de la caja en donde el niño fue escondido y encontraron también varias mantas similares a la manta en la que el niño había sido envuelto.

Si bien Remington Bristow estaba seguro de que el niño había sido asesinado por alguien de la casa —sobre todo sospechaba de Arthur Nicoletti— no se pudieron encontrar pruebas de que él lo hubiera hecho.

Por otra parte —durante el año 2002— una mujer llamó desde Cincinnati y en un discurso descrito como «perturbador» ella le dijo a la policía que su madre había comprado al niño en 1954 y que lo había sometido a horribles abusos físicos, psicológicos y sexuales.

Los policías relacionaron esta nueva información con un testimonio recogido años atrás en el cual una persona había visto a dos mujeres en la fecha y en la zona en donde el cuerpo del niño había sido encontrado.

Sin embargo esta teoría terminó siendo descartada debido a que descubrieron que la mujer que había hecho la denuncia tenía graves problemas mentales y no pudieron encontrar ninguna prueba que afirmara lo que ella les había dicho.

6. La conclusión del caso


Si bien con el paso del tiempo han ido surgiendo algunas pistas prometedoras para los investigadores la realidad es que siempre los termina llevando a ninguna parte y las dudas y preguntas al respecto siguen siendo las misma.

¿Quién era el niño asesinado que apareció en la caja? ¿Por qué alguien decidió matar al niño? ¿Llegó alguien a conocerlo?

Para los investigadores del caso el niño siempre será recordado como el niño no identificado, mientras en su lápida en lugar de su nombre figura desconocido niño americano.

lunes, 29 de enero de 2018

La Dalia Negra #2

En busca de un culpable

Mientras The Washington Post publicaba titulares tan sensacionalistas como el siguiente: “La policía busca a un loco pervertido por la muerte de una chica”, el departamento policial de Los Angeles –LAPD– desplegaba el mayor dispositivo de búsqueda de la historia de la ciudad californiana.

Doscientos cincuenta oficiales realizaron entrevistas puerta a puerta en los alrededores del solar donde fue hallado el cadáver, pero se encontraron con un callejón sin salida. Múltiples pistas falsas, confesiones confusas y llamadas de desconocidos convirtieron el ritmo de trabajo de la comisaría de Los Angeles en frenético, pero sin llegar a ningún resultado efectivo.

En más de una ocasión los detectives creían estar tras la pista correcta, muy cerca del asesino, pero el tiempo pasaba y el horrendo crimen seguía impune. Betty Bersinger, la mujer que encontró el cadáver, dijo haber visto pasar poco después el faro de un coche que había acelerado al oír su grito, aunque no recordaba ningún detalle del automóvil, por lo que su declaración sirvió de muy poco a los detectives. La última persona en ver a Short con vida, aparte de su asesino, había sido el portero del hotel Biltmore, la noche del 10 de enero de 1947, a las diez en punto, cuando la vio alejarse por Oliver Street, vestida como lo hacía habitualmente, con un sweater y pantalones negros.

Al parecer el último que pasó un tiempo con ella fue un comerciante de 25 años llamado Robert “Red” Manley, que la recogió en San Diego y finalmente la dejó en el lobby del citado hotel Biltmore. Tras las correspondientes pesquisas, Manley fue interrogado durante horas por los detectives y sometido al polígrafo, prueba que pasó con éxito. Años después, en 1954, los agentes le inyectaron pentotal sódico, conocido popularmente como “droga de la verdad”, pero de nuevo fue absuelto de todo tipo de cargos, muriendo en 1986 rodeado todavía de la desconfianza de muchos. Manley fue durante un tiempo el principal sospechoso, pero no el único, y muchas personas afirmaron haber sido las autoras del mismo o que conocían personalmente al asesino.

Todas las pistas resultaron ser falsas. Pocos días después de hallado el cadáver, dos oficiales de policía que discutieron sobre el caso en un restaurante fueron señalados como sospechosos por uno de los camareros del lugar; un astrólogo preguntó la hora y fecha exactas del nacimiento de Elizabeth en comisaría y prometió proporcionar el nombre del asesino en pocos días… cosa que nunca hizo. Asimismo, otra persona pidió que tomasen imágenes del globo ocular derecho de la víctima, pues éste podría haber “fotografiado” al asesino, según una creencia muy extendida entonces entre los círculos supercheriles según la cual el ojo registraba la última imagen con la que había entrado en contacto, a modo de una cámara fotográfica.

Anécdotas aparte, la policía angelina realizó uno de sus mayores despliegues hasta la fecha para detener al asesino. Cientos de personas fueron consideradas sospechosas y cientos interrogadas por los agentes. Alrededor de 60 hombres y otras tantas mujeres confesaron ser los autores del crimen, quizá ávidos por obtener fama y gloria, aunque todos ellos se contradecían a la hora de declarar, demostrando que los datos que aportaban los habían leído en los periódicos. Junto a “Red” Manley, otro de los sospechosos con más posibilidades a ojos de los detectives de ser el asesino respondía al nombre de Jack Anderson Wilson, alias Arnold Wilson, un ex convicto y alcohólico que al parecer mantuvo una relación sentimental con la víctima.

Wilson fue entrevistado por el autor John Gilmore mientras éste recopilaba información para un libro sobre el caso titulado Severed: The truth story of the Black Dahlia Murder. El ex convicto al parecer estaba relacionado con otros asesinatos, como el de Georgette Bauerdorf, una acaudalado vividor que al parecer conoció a la Dalia Negra en la famosa Hollywood Canteen, sin embargo, nunca se pudo demostrar su implicación en ambos crímenes, ya que Anderson Wilson murió en circunstancias extrañas antes de ser formalmente acusado de algún cargo. Al igual que en el clásico caso de Jack el Destripador, la precisión quirúrgica con la que el asesino había seccionado el cuerpo de Beth hizo pensar a las autoridades que se trataba de un médico con años de experiencia. Según declaró el detective Harry Hansen, uno de los investigadores asignados originalmente al caso, ante el Gran Jurado del distrito de Los Angeles, estaba convencido de que el depravado asesino se trataba de un “excelente cirujano”.


La falta de pruebas, sin embargo, hizo imposible acusar del crimen a ninguno de los sospechosos. En 1996, Larry Harnisch, un editor y escritor de Los Angeles Times planteó la posibilidad de que el asesino de Short fuera el cirujano Walter Alonzo Bayley, que vivía cuando sucedieron los hechos cerca del lugar donde fue hallado el cadáver y que murió en enero de 1948 de una enfermedad mental degenerativa. Al parecer su hija había sido amiga de una de las hermanas de Elizabeth, Virginia Short, sin embargo, nunca se le pudo acusar formalmente; sin duda su imposibilidad de declarar fue una de las razones por las que fue descartado como culpable.

El caso, por tanto, sigue sin resolverse, ya hace décadas que se convirtió en la cuenta pendiente de varias generaciones de policías que, ante la aparición de nuevas pruebas, siempre pretenden reabrir el mismo. La lista de sospechosos fue tan larga como infructuosa, y en ella se incluyeron también los nombres de personajes de mayor relevancia que los citados, como el célebre Orson Welles o el gángster Bugsy Siegel, creador de Las Vegas e implicado en múltiples asesinatos a lo largo de su vida. Sin embargo, muchos de estos supuestos “sospechosos” no eran sino los protagonistas de delirantes hipótesis de periodistas y escritores varios.

Se llegó incluso a afirmar que su asesinato podría haber sido consecuencia del rodaje de una “Snuff movie”, aunque hoy día esta hipótesis es considerada poco probable. El mayor misterio en torno al asesinato de la Dalia Negra tuvo lugar cuando nueve días después del atroz suceso, alguien –probablemente el asesino–, envió a la redacción de Los Angeles Examiner un paquete impregnado con gasolina probablemente para evitar que hallaran sus huellas en el envoltorio. En su interior se encontraban algunos objetos personales de la víctima: fotografías, su certificado de nacimiento, su tarjeta de la seguridad social y su obituario. Además, alguien que decía ser el asesino utilizó letras recortadas de los periódicos que hablaban del caso para enviarle mensajes a la policía en los que afirmaba que volvería a matar.

Pero ni siquiera este desafío del asesino sirvió a uno de los departamentos de policía por aquel entonces más adelantados y modernizados del mundo para dar con el culpable. Hoy su caso permanece en la memoria colectiva de los estadounidenses, junto a otros tan célebres como el de la Familia Manson o el del Carnicero de Milkwaukee, aunque sin resolverse…

Nadie ha podido hacer justicia y devolver la integridad a una persona, la joven Elizabeth Short, que lejos de hallar en el país de las oportunidades una vía para alcanzar su sueño, encontró la muerte, tan terrible, en las calles de una ciudad de celuloide castigada por el crimen, el alcohol y la falta de expectativas de sus habitantes. No se encendieron los focos ni se levantó el telón para dar la bienvenida a Elizabeth. Su última y horripilante visión fue probablemente el resplandor de un cuchillo afilado…

La Dalia Negra #1

La Dalia Negra, un crimen atroz en L.A.


Tras la Segunda Guerra Mundial, durante los años dorados de Hollywood, la ciudad californiana sufrió una de sus mayores tragedias: el misterioso y brutal asesinato de Elizabeth Short. Más de sesenta años después, su asesinato sigue impune…


Los Angeles, California. 15 de enero de 1947. El cielo de Los Angeles (EEUU) estaba encapotado. Era una mañana triste, gélida y lluviosa. Un ama de casa llamada Betty Bersinger salió de su casa situada en Norton Avenue con su hija de tres años hacia una tienda de reparación de calzado. Mientras transitaban por un solar abandonado cubierto de hierbajos y barro, en el distrito de Crenshaw, un objeto blanquecino llamó la atención de la pequeña: “¡Mira mami! La niña señalaba lo que parecía ser un maniquí de gran tamaño partido en dos. A Betty no le extrañó demasiado, pues muchas tiendas de ropa de la zona habían sido cerradas o abandonadas al no regresar sus dueños de la guerra, y era habitual encontrar maniquíes polvorientos, telas rotas u otros desechos en los alrededores. Sin embargo, una vez que madre e hija se acercaron más al extravagante “maniquí” partido en dos, el rostro de Betty se tornó blanco y el corazón le dio el mayor vuelco de su vida. Dio un alarido que pudo escucharse varias calles a la redonda. La visión era atroz. Tapó los ojos de su pequeña y huyó del lugar de pesadilla…


El pálido maniquí no era tal; se trataba del cuerpo seccionado por la mitad de una joven, las piernas por un lado, extendidas en una grotesca posición obscena y el tronco, junto a la cabeza y los brazos arqueados rodeando los hombros, muy cerca. Su rostro estaba machacado, casi irreconocible; al parecer lo habían golpeado con un bate de béisbol. Habían cortado las comisuras de sus labios con un cuchillo, lo que le daba un grotesco aspecto de payaso loco. Sus pechos habían sido lacerados y mostraban múltiples quemaduras de cigarrillos. Había mutilaciones por todo el cuerpo, escarificaciones, hematomas… Pero eso no era lo peor. Según pudieron comprobar los primeros agentes que llegaron al lugar del crimen, Frank Perkins y Will Fitzgerald, el cuerpo había sido desangrado hasta la última gota y eviscerado, después de ser seccionado por la mitad con una precisión quirúrgica a la altura de la cintura. Mostraba señales dejadas de forma inequívoca por cuerdas, lo que llevó a los detectives a deducir que la víctima había sido atada y torturada durante un espacio de varios días. Más tarde la autopsia reveló que la desconocida joven había sido brutalmente torturada durante unas 72 horas estando consciente. El cadáver de la joven había sido bañado y su cabello teñido después de muerta, de color rojizo, probablemente con brea. El asesino le había hecho además la manicura, como si pretendiera que su víctima permaneciese bella en el más allá. En el muslo izquierdo hallaron una pequeña mutilación en forma triangular que resultó ser el lugar donde Short tenía tatuada una pequeña flor. Durante la autopsia se descubrió que el pequeño trozo de carne había sido introducido en su vagina. Demasiado enfermizo y retorcido, pero tristemente real.

La autopsia determinó que “había muerto debido a una hemorragia producida por un fuerte golpe que le causó un severo traumatismo cerebral y por las laceraciones del rostro”. Había sido además sodomizada y sometida a todo tipo de abusos sexuales, aunque sin penetración y en su estómago se encontraron excrementos humanos. A pesar de los muchos años que llevaban ocupándose de diferentes asesinatos ni el forense ni los oficiales se habías enfrentado jamás a un caso de una brutalidad semejante. En busca de una identidad El lugar del macabro crimen pronto se llenó de periodistas y agentes de la ley.

La publicación de las fotos, a pesar de que fueron tomadas muchísimas imágenes por los reporteros, fue prohibida, debido a su brutalidad. La prioridad de los detectives asignados al caso, Harry Hansen y Finis Brown, fue desvelar la identidad de la víctima. En primer lugar, el FBI probó con las citadas huellas dactilares enviadas desde California, cruzando los dedos para que la víctima estuviera fichada. Los técnicos de dactiloscopia contrastaron las mismas con un archivo formado por 104 millones de huellas. Y… bingo.

La víctima respondía al nombre de Elizabeth Short, de 22 años de edad, cabello oscuro, ojos azules y considerable estatura. Sus huellas habían sido tomadas en dos ocasiones: cuando trabajaba en la cantina del cuartel de Camp Cook, durante los años de la Segunda Guerra Mundial y tras ser fichada por la policía por encontrarse ebria siendo menor de edad.

Debido a la estrecha relación de los agentes de la ley con la prensa en la América de los años 40, muy pocas horas después hubo una filtración, lo que provocó que algunos reporteros de Los Angeles Examiner usaran una treta poco ética, más bien bochornosa, para conseguir información sobre la misteriosa Short: telefonearon al domicilio de su madre, Phoebe Short, residente en Cambridge, Massachusetts, y le dijeron que su hija –entonces el FBI todavía no le había informado sobre el crimen– había ganado un concurso de belleza. Así obtuvieron numerosos datos sobre su vida, antes de comunicarle, en la misma conversación, que Elizabeth había sido brutalmente asesinada. Ética periodística…

Un oscuro pasado


Pronto los periódicos comenzaron a publicar informaciones sensacionalistas sobre el pasado de la víctima, mancillando su nombre y publicando los titulares más bochornosos sobre una joven que había dejado este mundo de forma tan escabrosa. Los periodistas pronto la tildaron de “borracha”, “prostituta”, “lesbiana”… La verdad es que la existencia de la joven Short, Betty para los amigos, no había sido precisamente un camino de rosas. Nacida en el seno de una familia acomodada, en Hyde Park –Massachusetts– el 29 de julio de 1924, su padre, Cleo Short, intentó suicidarse cuando su negocio se fue a la quiebra tras el Crack del 29, que dinamitó la economía de los estadounidenses. Tras el frustrado intento de quitarse de en medio, el cabeza de familia abandonó el hogar y Phoebe Short se quedó al cuidado de Elizabeth y sus otras cuatro hijas. Durante su juventud Bettie asistía asiduamente con su hermana más pequeña, a ver los grandes estrenos del Hollywood de los años 30. Admiraba los musicales de Fred Astaire y Ginger Rogers.

Fue entonces cuando comenzó a soñar en convertirse en una estrella de Hollywood. Tras unos años en los que convivió con su padre, con el que entabló de nuevo una difícil relación –ambos parecían extraños en la misma casa–, Elizabeth aceptó el trabajo en Camp Cooke. Fue entonces cuando comenzó su interminable historia de galanteos y eróticas relaciones con diferentes hombres. Muchos de los soldados tuvieron affairs con ella y la convencieron de que tenía la belleza y el porte necesarios para convertirse en una estrella de Hollywood. Y eso intentó al menos. Viajó a Los Angeles en busca del sueño de tantos y tantos jóvenes por escapar de la marginalidad y hallar un hueco en la multimillonaria industria del cine.

Pero Short no tuvo suerte. Comenzó a relacionarse con gente peligrosa, con aquél submundo de Tinseltown –como se conoce popularmente a Hollywood– rodeado de alcohol, drogas, prostitución y mafias al que tan dado eran los actores hollywoodienses y que inspiró mil y una historia de cine negro surgidas de la imaginación de personajes como Raymond Chandler. Pero la ficción no estaba tan alejada de la realidad y los crímenes, el sexo y el chantaje campaban a sus anchas a espaldas del glamour y la ostentación de la que hacían gala las fiestas de los grandes magnates.

Elizabeth entró en un círculo vicioso que acabó arrastrándola el cine erótico de serie B y rodeándola de malas compañías. Comenzó a hacer de acompañante de personajes relevantes, lo que pronto hizo que surgiera el rumor, probablemente real, de que ejercía la prostitución. Debido a que prácticamente siempre vestía de negro, a su oscuro cabello y a sus ojos color azabache, fue bautizada por la prensa, tras su asesinato, como la Dalia Negra, quizá emulando el título de una película perteneciente al género Noir y estrenada por aquél entonces: La Dalia Azul, protagonizada por Alan Ladd y Veronica Lake y con guión del anteriormente citado Raymond Chandler.



Los periodistas ya tenían lo más importante, un nombre con gancho para el caso más polémico de la historia de Tinseltown, y entonces comenzó el bombardeo de noticias sobre sus devaneos amorosos, sus vicios y su inestabilidad emocional. Nadie la dejaba descansar tranquila.

Pero al margen de su azarosa existencia, Elizabeth se movía en un entorno al que muchas jóvenes acudían decepcionadas ante su falta de expectativas. Sin embargo, ninguna de ellas aparecía muerta… ¿Quién había asesinado entonces a Short? ¿Cuál era el móvil del crimen…?

viernes, 26 de enero de 2018

Los 5 Tipos de Encuentros Cercanos

El astrónomo Joseph Allen Hynek (1910-1986) es el Pablo de Tarso de la ufología. El hombre al que invocan desde hace más de cuarenta años los creyentes en los platillos volantes para intentar dar a su afición una pátina científica. Durante más de dos décadas, colaboró con la Fuerza Aérea de Estados Unidos en los proyectos Signo, Rencor y Libro Azul, buscando explicaciones convencionales para las observaciones de ovnis. Era entonces la bestia negra de los ufólogos. Sin embargo, a finales de los años 60, se cayó públicamente del caballo de la incredulidad para convertirse en el padre de la denominada ufología científica. Ese hito fundacional del credo ovni es -como pasa con todas las religiones- una leyenda, asegura John Franch en “The secret life of J. Allen Hynek” (La vida secreta de J. Allen Hynek), un artículo publicado en el último número de The Skeptical Inquirer, la revista del Comité para la Investigación Escéptica (CSI). Los hechos parecen darle la razón.

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“La aparente transformación del profesor [Hynek] de escéptico a defensor de los ovnis no fue la conversión que parece a primera vista”, dice Franch, basándose en las memorias de Jacques Vallée. El astrofísico y ufólogo francés y Hynek se conocieron en 1962 en la Universidad del Noroeste (Illinois, Estados Unidos) y, un año más tarde, el primero, entonces estudiante de informática, se convirtió en secretario del segundo, de quien acabaría siendo la mano derecha. En Vallée está inspirado Claude Lacombe, el personaje interpretado por François Truffaut en Encuentros en la tercera fase (1977), película de Steven Spielberg de la cual Hynek fue asesor -el título se basa en su clasificación de los avistamientos de ovnis- y en la que aparece 8 segundos abriéndose paso entre el gentío durante el aterrizaje de la gran nave extraterrestre en la Torre del Diablo. El Hynek científico, serio y riguroso, alejado del esoterismo, habitual de los libros de autores como Antonio Ribera, se transmuta en los recuerdos de Vallée en alguien interesado por lo oculto desde la adolescencia.




Hynek fue, posiblemente desde el principio de la era ovni, un creyente en las visitas extraterrestres, aunque no se destapara como tal hasta que creyó tener pruebas que apoyaran su punto de vista. Pruebas como el fraudulento aterrizaje de Socorro. Pero, entonces, ¿por qué colaboró durante más de dos décadas con los militares? Para Bruce Rux, autor del libro Architects of the underworld (Arquitectos del inframundo, 1996), la integridad de Vallée a la hora de aproximarse al fenómeno ovni es “más evidente” que la de Hynek. “Parece como si Hynek hubiera estado dispuesto a desempeñar deliberadamente el papel de relaciones públicas de la Fuerza Aérea de relaciones públicas, poniéndose al frente de la comunidad científica, con el fin de que se le permitiera llevar a cabo su propia investigación privada. En otras palabras, que sacrificó la verdad de cara al público para que le dieran la oportunidad de descubrirla por sí mismo”, escribe Rux. Suena conspiranoico, pero no es el único que lo dice. Es algo que apuntan autores creyentes y escépticos. Ciertamente, vista la trayectoria vital anterior y posterior de nuestro protagonista, resulta creíble que decidiera colaborar con los militares, aunque fuera a costa de sacrificar sus creencias, sólo para tener acceso a información privilegiada.




Tras su salto a la ufología, Hynek fundó en 1973 el Centro para el Estudio de los Ovnis (CUFOS) y escribió dos libros en solitario sobre el fenómeno, The Ufo Experience (La experiencia ovni, 1972) y The Hynek Ufo Report (El informe Hynek, 1977). En el primero, divide los avistamientos de platillos volantes en observaciones lejanas y cercanas, las que tienen lugar a menos de 150 metros. Dentro de las primeras, distingue las luces nocturnas, los discos diurnos y los objetos detectados por radar, mientras que divide las segundas en encuentros cercanos del primer tipo -el objeto no interactúa ni con el testigo ni con el entorno-, del segundo tipo -deja pruebas en forma de huellas, quemaduras…- y del tercer tipo -se hacen visibles los tripulantes-, que son los que dan título a la película de Spielberg.



¿OVNI en Marte?

El Rover Curiosity capto un OVNI en Marte



Parece ser que desde que hemos comenzado este año las anomalías procedentes de Marte están siendo portada de los principales medios de comunicación. Aunque la verdad es que desde la llegada del Rover Curiosity se ha creado una gran controversia en los medios sociales, ya sea por las dudas que suscita el proyecto o por las continuas anomalías que aparecen en la fotografías de la todopoderosa NASA.

Pero a mediados de este mes de enero la controversia no vino por parte del Rover Curiosity, sino más bien por el otro Rover que tiene la NASA ubicado en Marte, el Opportunity. Recordemos que el Opportunity estuvo inactivo desde finales de noviembre hasta principios de enero, y lo primero que capturó la cámara del Rover fue una “roca” que anteriormente no estaba presente. Ahora, el Rover Curiosity vuelve a ser noticia por una de sus controvertidas fotografías publicada por la NASA, que al parecer muestra un OVNI en los cielos de Marte.

Al parecer en la controvertida imagen se puede apreciar una especie de extraño “cono de luz” en el cielo del planeta rojo. El ovni es claramente visible en las imágenes tomadas por una de las muchas cámaras robot de la NASA “Curiosity” y que recibe el nombre de Hazcam, equipado con una lente de gran angular y con la capacidad de fotografiar panoramas.




El misterioso objeto apareció al frente del “Curiosity” el 5 de enero del 2014 a las 23 horas 26 minutos 37 segundos. En la fotografía, ubicada en los servidores de la NASA, el objeto se puede observar justo en la parte superior derecha y se ve como muy luminoso. Rápidamente, los entusiastas y expertos ufólogos afirmaron que el misterioso objeto sobrevolando el cielo marciano era de origen extraterrestre.

“La ampliación del objeto revela un cono superior de forma esférica, una masa central redondeada y lo que parece ser una especie de propulsor en su cola”, revela un experto ufólogo. “Si se mira de cerca, se puede apreciar un rastro detrás de él y se ve que se mueve a la parte superior derecha de la fotografía. ¿Tiene Marte su propio programa espacial?”




Por su parte, los teóricos de la conspiración están seguros de que la fotografía será desacredita por los supuestos expertos de la NASA y por sus seguidores más acérrimos, sugiriendo que se trata de un meteorito, asteroide o un cometa, como siempre. Pero la realidad es que en esta ocasión lo van a tener un poco más complicado, ya que en el caso de que se tratara de un cuerpo celeste la dirección natural del extraño objeto no se corresponde con ninguno de estos. Además otro de los puntos a tener en cuenta es que el objeto tenía un movimiento no natural, como se puede apreciar en una imagen tomada con la misma cámara pero con unos minutos de diferencia.

Pero aunque parezca increíble, esta nueva anomalía en los cielos de Marte no ha sido la única que podría quedar sin respuesta. En marzo de 2004, en un intento de fotografiar la Tierra desde Marte, el robot “Spirit” llegó a la zona del cráter Gusev, donde después de realizar la fotografía también captó una anomalía en el cielo que sorprendió incluso a los expertos de la NASA. En la fotografía se podía observar una banda brillante ocasionada por algún tipo de objeto no natural. Según explicaron los expertos, este efecto se produce cuando la cámara está filmando un objeto en movimiento con una velocidad de obturación lenta, y se manifestó en forma de una tira.

El OVNI sorprendió a todos los expertos de la NASA, sobre todo a uno de los responsables del control del robot “Spirit”, Mark Lemmon de la Universidad de Texas, quien dijo lo siguiente:

“Puede que nunca sepamos lo que era, ya sea un meteorito fotografiado en Marte o una nave espacial volando desde otros mundos. Pero vamos a trabajar en descifrar el misterioso objeto.”

Pero como ocurre en todos estos casos no se supo nada más del ovni capturado por el “Spirit”. Y es lógico pensar que lo mismos ocurrirá con la reciente anomalía capturada por el “Curiosity” o simplemente quedará desacreditada por todos aquellos que dicen trabajar en nombre de la ciencia.



El Caso de los Hermanos Sodder

En 1945, en Estados Unidos, cinco hermanos no volvieron a ser vistos después de un incendio que afectó a la casa donde vivían. El inmigran...